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CAPÍTULO 1

El comienzo de ésta inspirado en algo real de lo que Joey Tempest fue partícipe hace un tiempo. 
En Estocolmo, un hombre sueco última los preparativos de su boda con su novia, la mujer con la que lleva tanto tiempo saliendo y con la que está deseando casarse. Por circunstancias de la vida no han podido hacerlo antes.
Ahora, pasados los cuarenta y cinco años con dos hijos en el mundo, han decidido que ya hora de dar el paso de unir sus vidas en matrimonio para siempre. El enamorado novio le tiene preparada una sorpresa a su futura esposa que sin duda va a hacer su día inolvidable. No solo se casará con el hombre de su vida, además la sorpresa que va a recibir la va a hacer aún más feliz si cabe. Ni siquiera se imagina lo que su novio le ha preparado. El hombre habla en esos momentos con sus dos hijos con ella. Sus cómplices. 
—Vuestra madre no puede saber nada. Tiene que ser una sorpresa. Vosotros no sabéis nada. —les guiña el ojo su progenitor.
—Tranquilo Papá. Nosotros no diremos nada. Estamos deseando ver su cara cuando vea lo que le has preparado. No se lo va a creer.
Su padre les sonríe de manera cómplice.
Lejos de allí la novia llega al aeropuerto para recoger a su hermana procedente de México. La mujer nórdica tiene una hermana mexicana algo más mayor que ella. El padre de ambas se casó con la madre de la sueca cuando su esposa mexicana falleció tras una larga enfermedad. Tenía una hija muy pequeña por entonces y no podía dejarla sola en México por lo que decidió llevársela a Suecia con él, que era su país natal. Un año después conoció a la madre de Helga con la que se casó al año siguiente. Apenas dos años después el matrimonio tuvo su única hija en común que heredó los ojos claros y la piel blanca de sus padres. La relación entre las dos hermanas siempre fue muy cariñosa y cálida. Se adoran.
Años después, ya llegando a la adolescencia, la mayor de las hermanas decidió viajar al país en el que había nacido para visitar a su familia mexicana. Aunque su hermana no deseaba que se fuera porque no quería perderla se dio cuenta que no podía ser egoísta así que se despidió de ella y dijo que la esperaba pronto de regreso. 
Los temores de la joven sueca se vieron confirmados cuando su hermana Verónica le comunicó que había decidido quedarse una temporada viviendo en México. Y lo que en principio era una temporada terminaron siendo treinta años. Aunque se sintió dolida con su hermana adorada por dejarla sola, acabó comprendiendo y respetando su decisión porque tenía derecho a ello. La distancia no impidió que siguieran viéndose ya que en cuanto les era posible, tanto la una como la otra viajaban a uno u otro país para verse y disfrutar unos días de su mutua compañía. 
Cuando la sueca ve en la pantalla que el vuelo de su hermana, procedente de México acaba de tomar tierra en el aeropuerto la mujer sonríe. Hace tres años que no se ven y está deseando a abrazarla. No será mucho el tiempo que pasen juntas pues tras la boda ella se irá de Luna de Miel con su marido, pero al menos estará en su matrimonio. Eso la hace muy feliz. 
Cuando, minutos después, la puerta de la sala de llegadas se abre y Helga ve a su hermana, la hermosa mexicana, acercarse a ella con su pequeño equipaje ambas se sonríen y en el momento en que están juntas ambas se funden en un gran y cariñoso abrazo. No pueden evitar emocionarse. 
Las hermanas se dirigen a la salida del aeropuerto y colocan el equipaje en el coche de la sueca, abren la puerta, se suben al coche, se ponen los cinturones de seguridad y la europea arranca el coche. 
—¿Cómo está Papá? —le pregunta Verónica a su hermana. —No poder viajar cuando sufrió el infarto me destrozó. Aún me siento culpable. —se lamenta la mexicana. 
—No te preocupes, si no pudiste viajar no es culpa tuya. Lo importante es que papá se recuperó y sabe que estabas pendiente de él todos los días a pesar de la distancia. —responde su hermana. 
—Estoy deseando verle y darle un abrazo. —se sincera la oriunda de México. 
—Él también. Te extraña mucho. —confiesa su hermana. 
—Lo sé, pero cuando viajé a México supe que mi lugar estaba allí, que debía quedarme, al menos durante un buen tiempo. 
—¿Y qué tal están las cosas por tu país? 
—México es un país hermoso, lleno de cosas hermosas y gente trabajadora, pero el problema de los narcos y sus crímenes, la corrupción de muchos policías y algunos gobiernos incompetentes no nos benefician mucho.
Ignorando la inolvidable sorpresa que su futuro marido le está preparando para la boda, la futura novia llega con su hermana a casa del padre de ambas que es donde Verónica se alojará por unos días. Cuando se ven, la mexicana corre a abrazar a su progenitor. Padre e hija derraman unas lágrimas de emoción cuando están juntos de nuevo.
—Perdóname Papá por no estar contigo cuando sufriste aquel infarto. Nunca me lo perdonaré. —solloza la mujer en brazos de su padre.
Él le acaricia la cabeza con ternura. 
—No tengo nada que perdonarte, cariño. A veces las cosas no pueden ser. Sé que estuviste pendiente de mi todos los días. Lo importante es que ya estás aquí. Durante el tiempo que permanezcas en Suecia vamos a recuperar el tiempo perdido. —la tranquiliza el sueco besando la cabeza de su hija mayor. 
—Traje billete abierto para volver cuando quiera. Quizás esté más tiempo por aquí. Decidí tomarme unas vacaciones, pero dejé la empresa en buenas manos, aunque lo controlaré todo desde el ordenador. —se sincera la mujer. 
—Quizá decidas quedarte más tiempo del que planeas. —responde su padre. 
—Tal vez. Tú lo que quieres es que yo me quede una temporada, ¿verdad? —le sonríe ella de manera cómplice. 
—Bueno, sí. Nunca se sabe lo que puede pasar en nuestra vida. Yo fui de vacaciones a México, allí conocí a tu madre y el resto de la historia ya la conoces. —la sonríe. 
Poco después las dos hermanas se van a realizar unas compras, unas cosas que le faltan a Helga para su boda. Después de realizar las compras ambas paran a tomar algo en una cafetería. 
—Bueno, hermana. Tú, ¿qué tal tu corazón? —le pregunta la europea a la mexicana. 
—Tranquilo. No tengo tiempo de pensar en relaciones debido a mi trabajo. Además tampoco he conocido a nadie que me haya interesado o impactado de verdad. —se sincera la mayor de las hermanas. —Aunque tampoco me preocupa demasiado. 
—Bueno, ya te llegará el amor. A veces aparece cuando menos lo esperas. Yo tuve claro con quien me quería casar desde muy joven. 
—Sí, te enamoraste con quince años de él y mira dónde estás ahora, a punto de casarte con el amor de tu vida 
—Me costó conquistarle, no creas. Durante unos años tuvo una vida bastante alocada.
—Pero al final lo lograste, tienes hijos con él y ahora os vais a casar después de tantos años juntos. 
—Yo creo que me aceptó por aburrimiento. Se cansaría de decirme que no. —bromea. 
Ambas se ríen a carcajadas. 
Cuando regresan a casa del padre de ambas, los sobrinos de Verónica corren a abrazar a su tía. 
—Me alegra mucho volver a veros. Estáis muy guapos. —les dice la mexicana después de abrazarlos. 
—Y tú tía. Creo que si mis amigos te vieran se enamorarían de ti. —comenta el hijo mayor de Helga y Klaus sonriendo a su tía. 
Ella se ríe. 
—Muchacho, soy una vieja al lado de tus amigos. —asevera ella. 
—Eso no es cierto y además eres hermosa. Voy a presumir muchísimo de tía mientras estés aquí. —responde el joven de veinticinco años. 
—Soy yo la que va a presumir de sobrino. —le guiña ella un ojo. 
Dos días después, la novia se viste en casa de su padre ayudada por su hermana que es quién la maquilla y peina. La mexicana se emociona al ver a su hermana vestida de novia.
—¡Estás preciosa! —exclama la mexicana emocionada. —Aunque eso no es difícil porque siempre lo has sido.
Ambas se abrazan llorando.
—Gracias por venir a estar conmigo. —dice Helga. 
—No me lo habría perdido por nada del mundo. Además que nuestras madres ya no estén en este mundo nos une aún más.
En ese momento el padre de las dos mujeres entra en la habitación ayudado de su silla de ruedas y sonríe al verlas abrazadas. Ellas se dan cuenta que el hombre acaba de llegar a la habitación y todos se abrazan.
Klaus llega a la iglesia y se dispone a esperar a su futura esposa. Está muy nervioso porque todo salga bien sobre todo eso tan especial que ha preparado para cuando sean declarados marido y mujer. Cuando ella llega un rato después la ceremonia da comienzo. Verónica , con el cabello recogido y un vestido azul eléctrico se coloca junto a su padre y le da la mano. Ambos miran sonriendo a Helga, que mira enamorada al hombre de su vida. Al padre de sus hijos. Tras la bonita y romántica ceremonia durante la cual la pareja no ha dejado de mirarse a. los ojos, ambos son declarados marido y mujer. 
—Te quiero. Gracias por tu amor y por los hijos que me has dado. —dice Klaus a su ya esposa acariciando su rostro con amor. —Gracias por insistir hasta que accedí salir contigo. Eres lo mejor que me ha pasado en la vida. Quiero que este día sea inolvidable para ti. 
El novio hace una señal afirmativa a uno de sus hijos y la muchacha se dirige hacia la puerta de la iglesia. Su madre mira extrañada a su marido y a su hija. 
—¿Qué pasa? ¿Dónde va? 
Su flamante esposo guarda silencio y mira sonriendo hacia la puerta. La hija de ambos sale un momento de la iglesia y le dice a alguien. 
—Ya puedes pasar. 
Ella entra detrás de la persona misteriosa. 
Helga se emociona al ver caminar hacia ella al cantante Joey Tempest cantando uno de los temas que tocó en los ochenta con su grupo Europe. El sueco comienza a entonar Open Your Heart, una de las canciones favoritas de Helga. La sueca mira al cantante sin poderselo creer con una sonrisa en los labios, luego mira por unos segundos a su marido y le besa en los labios. Joey se acerca a la novia, le besa una mano, ella le abraza y él le canta muy cerca. Cuando se gira y ve a Verónica, Joey deja de cantar por unos segundos al ver a esa hermosa mujer de su misma edad. Ambos se miran unos instantes a los ojos. El corazón les late con tanta fuerza que parece que esos latidos van a escucharse en toda la iglesia. El cantante vuelve a cantar, repite el título de la canción mirando a la latina, la sonríe y luego comienza a alejarse del altar mientras de vez en gira la cabeza para volver a mirar la hermana de Helga 

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CAPÍTULO 3

Verónica se acerca al escenario seguida por la mirada de Joey Tempest que está deseando escuchar cantar a esa hermosa mujer que tanto le impactó desde el primer instante en que la vió. La hermana de Helga decide cantar una de las canciones que formaron parte del único disco que sacó a la venta y que tuvo éxito en México. Su hermana la mira con una sonrisa dulce en los labios.  Ella sí que sabe como canta la mexicana. De hecho la acompañó a grabar el vídeo de una de las composiciones del trabajo discográfico de Verónica. Siempre la animó a publicar otro disco pero la otra hija de su padre había quedado muy escarmentada del mundo de la música. Le robaron mucho dinero y su disco podría haber tenido más publicidad.  El dueño de la casa de discos, que se sentía atraído por ella y quería seducirla, se vengó del rechazo de la mujer. No promocionó sus canciones como estas merecían. Además la incipiente artista vio cosas en el mundo de la música y del espectáculo que no estaba dispuest...